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Las regiones pueden liderar la nueva estrategia industrial en pos de una Europa más verde  

En esta entrevista, Jeannette Baljeu (NL/Renew Europe) , miembro del Gobierno de la Provincia de Holanda Meridional, responde a seis preguntas sobre el papel de los gobiernos locales y regionales en la nueva estrategia industrial europea. Subraya que se precisa una nueva dimensión de base local para que las regiones y ciudades, como nivel de gobierno más cercano a los ciudadanos y a los ecosistemas empresariales, hagan suya la doble transición, verde y digital, de su industria. Jeannette Baljeu es ponente del Dictamen Una nueva estrategia industrial para Europa , que se aprobará en el pleno de los día 12, 13 y 14 de octubre .

¿Cuál deberá ser el papel del nivel local y regional en la nueva estrategia industrial para Europa?

Las regiones pueden y quieren predicar con el ejemplo, y la nueva estrategia industrial de la UE ha resaltar su función y reforzar la dimensión de base local.

A menudo, los ecosistemas industriales son de ámbito regional y están vinculados a otros ecosistemas regionales por medio de cadenas de suministro o redes de intercambio de conocimientos. Por ello, la estrategia industrial de la UE exige un enfoque de base local en el que los entes locales y regionales desempeñen un papel relevante. Estos entes constituyen el nivel de gobierno más próximo a los ciudadanos y a los ecosistemas industriales, con importantes competencias en distintos ámbitos políticos. Pueden activar una amplia gama de instrumentos para hacer posible la aplicación de una estrategia industrial holística y ambiciosa en la UE.

¿Qué función puede desempeñar la política industrial a la hora de aplicar el Pacto Verde? ¿Cómo establecer normas medioambientales sin poner en peligro la competitividad de las empresas europeas frente a las de terceros países?

Atendiendo al cumplimiento de los objetivos climáticos, el mayor impacto se dejará sentir en las industrias de uso intensivo de energía. Estas industrias también desean cooperar para alcanzar estos objetivos pero, en mi opinión, necesitamos unas hojas de ruta con objetivos claros, ambiciosos y realistas con vistas a la reducción del CO 2 . Creo que hemos de apoyar a nuestras industrias en esta transición para que puedan asumir un papel de liderazgo en ella, sin dejar de lado a las empresas más pequeñas. Todo ello podría impulsar igualmente nuestra competitividad, ya que podríamos centrarnos en la calidad de los productos y servicios, en lugar de optar por alternativas más baratas procedentes de terceros países.

La coincidencia del Pacto Verde y la ingente financiación en el marco del Plan de Recuperación, ¿es acaso una oportunidad extraordinaria de dar un empujón al proceso de transición verde, brindando grandes posibilidades a las empresas y los empresarios comprometidos con la ecología y la sostenibilidad?

Sí, creo que es posible, siempre y cuando sometamos este apoyo financiero a las condiciones adecuadas. Hoy por hoy, los responsables de elaborar los planes nacionales y de definir sus pormenores son los Estados miembros. Las regiones deberían sentarse en la mesa como socios en igualdad de condiciones y contar con la posibilidad de debatir y contribuir a dichos planes. Al atesorar conocimientos y capacidades técnicas, las regiones podrían establecer un vínculo entre las Estrategias de innovación regionales para la especialización inteligente (RIS3) y estos planes, y mostrar dónde se abren las oportunidades de inversión en la ecologización de la economía.

¿Cómo deberían ser las estrategias de especialización inteligente? ¿En qué ámbitos es necesario que la industria europea gane competitividad?

Las regiones se hacen una idea bien real de su situación económica. Conocen sus puntos fuertes y sus flaquezas y, por lo tanto, deberían servirse de sus estrategias regionales de innovación para la especialización inteligente en cuanto herramientas no solo para impulsar su economía, sino también como base de colaboración con otras regiones. Este proceso puede facilitar la creación de nexos de unión entre agrupaciones regionales y competencias complementarias al objeto de construir cadenas de valor interregionales. Las regiones deberían utilizar sus RIS 3 como una hoja de ruta para reforzar sus agrupaciones apoyando no solo los vínculos regionales, sino también los vínculos con las agrupaciones de otras regiones, y deberían incluir también el instrumento de inversiones interregionales en innovación. Todo ello podría mejorar la competitividad europea, fortalecer las cadenas de suministro y reducir nuestra dependencia de los proveedores mundiales.

Creo que la UE podría prestar más apoyo a los Estados miembros y a las regiones para que sean más competitivos, lo cual no tiene por qué implicar una mayor financiación pública: también puede conllevar una reforma de la política de competencia que haga nuestra industria menos vulnerable a las adquisiciones hostiles. Los inversores internacionales, con el respaldo de ayudas estatales, están adquiriendo pymes que resultan cruciales para nuestros ecosistemas regionales pero que, al mismo tiempo, son demasiado pequeñas para incluirse en el paraguas de las adquisiciones hostiles, tal como se menciona en el Libro Blanco de la UE sobre subvenciones extranjeras . Las mejoras en el mercado único podrían conducir también a una verdadera igualdad de condiciones, capaz de impulsar la competitividad de nuestra industria de modo que pudiera competir con gigantes globales como Google, Amazon o Alibaba. Las RIS 3 podrían centrarse también en mayor medida en la digitalización.

¿Cree que unas repercusiones tan amplias y potentes como las de la pandemia exigirán replantearse la estrategia industrial de la UE?

La pandemia de la COVID-19 ha puesto de manifiesto los riesgos geopolíticos de la inversión extranjera y de una excesiva dependencia de las cadenas de suministro y de valor mundiales. Por consiguiente, la estrategia industrial de la UE deberá incluir medidas que nos ayuden a superar la crisis actual y a prepararnos para hacer frente a futuras pandemias. Esto es algo necesario para garantizar la resiliencia de la sociedad y la economía europeas, por ejemplo disponiendo cadenas alternativas europeas para el suministro de equipos médicos y medicamentos. Ello nos ayudará a mantener el liderazgo tecnológico europeo y a ser más soberanos en el mundo digital y tecnológico, frente a las adquisiciones hostiles de empresas estratégicas por parte de agentes de terceros países. Sin embargo, todo esto exigirá también una reforma de la política de competencia.

Durante el confinamiento por la COVID-19, las cadenas de suministro se vieron perturbadas: por un lado, se cerraron fronteras y se dificultó la entrega de bienes a otros países, mientras que, por el otro, los países impusieron embargos a la distribución de determinadas mercancías y, en particular, de aparatos médicos y de medicamentos. Reforzar la resiliencia de las empresas, y de las regiones, ¿conlleva renegar de la globalización y repatriar las empresas nacionales?

Es comprensible que los países y las regiones miren por los intereses de sus habitantes, lo que se ha traducido en el cierre de algunas fronteras. Como ya se ha dicho, creo que Europa debe ser cautelosa con los aspectos negativos de la globalización. Sin embargo, insisto en que no debemos olvidar que la cooperación interregional es crucial para hacer frente a la crisis, como ha demostrado Renania del Norte-Westfalia manteniendo abierta su frontera con los Países Bajos y acogiendo a pacientes de COVID-19 de este país. Unas fronteras regionales abiertas son fundamentales para asegurar la resiliencia de la sociedad y la economía europeas, especialmente porque necesitamos que las agrupaciones industriales colaboren adoptando un enfoque de base local.

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pressecdr@cor.europa.eu

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